Entendiendo los ataques de pánico: qué son y cómo reconocerlos
5/11/20254 min read


¿Qué es un ataque de pánico?
Un ataque de pánico es un episodio súbito de miedo intenso que puede provocar reacciones físicas y emocionales abrumadoras. Estos episodios, se manifiestan a menudo sin previo aviso y pueden ser extremadamente angustiosos para quienes los experimentan. Un ataque de pánico puede incluir síntomas como palpitaciones del corazón, sudoración, temblores, dificultad para respirar, sensación de ahogo, mareos o desrealización, entre otros. Sin embargo, es importante tratar de mantener la calma ya que su duración suele ser corta, no así su impacto, que puede ser duradero, causando un temor significativo a futuros ataques.
En términos de prevalencia, se estima que entre el 2% y el 4% de la población general experimentará un ataque de pánico en algún momento de su vida. Sin embargo, este fenómeno, es más común en mujeres que en hombres, pudiendo darse en individuos de cualquier edad. Diversos factores como el estrés, los cambios hormonales o una predisposición genética, pueden contribuir a la aparición de estos ataques.
Síntomas comunes de un ataque de pánico
Los ataques de pánico son episodios caracterizados por una ansiedad intensa que puede llevar a una persona a sentir que pierde el control de su vida. Reconocer estos síntomas es fundamental para identificar de forma precoz un ataque de pánico, favoreciendo así la comprensión del mismo y el retorno a nuestro estado de calma. Uno de los síntomas más significativos de un ataque de pánico es el miedo intenso a perder el control o incluso a morir. Este temor abrumador es, a menudo, desproporcionado en relación con la situación actual.
Durante un ataque de pánico, es frecuente sentir dolor en el pecho, el cual, puede ser tan intenso que muchas personas temen estar sufriendo un infarto. Este dolor puede ir acompañado de una sensación de presión o opresión, aumento del ritmo cardíaco e hiperventilación o sensación de falta de aire. Asimismo, es común experimentar una sensación de entumecimiento y hormigueo en diferentes partes del cuerpo, como manos y pies, lo que puede causar todavía más ansiedad y miedo.
Otros síntomas que pueden aparecer cuando sufrimos un ataque de pánico son episodios de sudoración profusa, escalofríos o por el contrario, sofocos, así como una sensación de irrealidad o despersonalización. Estos síntomas, aunque aterradores, son comunes durante un ataque de pánico, y conocerlos puede ayudar a quienes lo sufren a buscar la ayuda necesaria y entender lo que están experimentando.
Causas y factores de riesgo
Como hemos visto, hay diversos factores que pueden estar relacionados con la aparición de un ataque de pánico, siendo importante tenerlos en cuenta a la hora de conocer este trastorno. En primer lugar, es importante considerar la predisposición biológica. La genética puede desempeñar un papel significativo, ya que aquellas personas con antecedentes familiares de trastornos de ansiedad pueden tener una mayor probabilidad de experimentar ataques de pánico. Estudiosos y profesionales de la salud mental han identificado que ciertos genes pueden estar implicados en la forma en que el cerebro regula el estrés y las emociones, creando un escenario en el que algunos individuos son más susceptibles que otros.
Además, los factores psicológicos también pueden influir en la aparición de estos episodios, por ejemplo, el modo en que una persona percibe y enfrenta el estrés puede aumentar la probabilidad de un ataque. Por ejemplo, aquellos que tienden a interpretar situaciones cotidianas como amenazantes o que tienen un estilo de afrontamiento menos efectivo pueden estar en mayor riesgo. Las experiencias dolorosas de la infancia, el abuso o el acoso, pueden contribuir al desarrollo de trastornos de ansiedad, lo que a su vez podría desencadenar ataques de pánico.
Por otra parte, los eventos estresantes de la vida cotidiana son catalizadores comunes. Cambios significativos como mudanzas, pérdida de empleo o la muerte de un ser querido pueden provocar un alto nivel de ansiedad, que en algunos casos puede manifestarse en ataques de pánico. Entender estos factores de riesgo es crucial, ya que permite a los individuos reconocer los patrones de su propio comportamiento y estrés. De esta manera, se puede trabajar en estrategias de manejo y prevención, lo que puede ser un paso esencial hacia la comprensión y la reducción de la incidencia de los ataques de pánico.
¿Qué hacer durante un ataque de pánico?
El manejo de un ataque de pánico puede ser una experiencia desafiante y angustiante. Sin embargo, hay varias estrategias efectivas que pueden ayudar a una persona a enfrentar estos episodios de manera más eficaz. En primer lugar, es fundamental recordar la importancia de la respiración controlada. Durante un ataque de pánico, la respiración tiende a acelerarse, lo que puede agravar la sensación de ansiedad. Practicar la respiración profunda puede ser de gran ayuda.
Otra técnica valiosa es el uso de visualizaciones. Imaginar un lugar tranquilo y seguro puede proporcionar un sentido de paz en momentos de caos. Al enfocarte en detalles específicos de ese lugar, como los colores y los sonidos, puedes distraer tu mente de los sentimientos negativas asociados con el ataque. .
Es igualmente significativo buscar apoyo social durante o después de un ataque de pánico. Hablar con un amigo o un familiar que comprenda lo que estás pasando puede ser reconfortante. Sin embargo, si los ataques de pánico son recurrentes, la ayuda profesional se vuelve crucial. Finalmente, desarrollar un plan de acción personal que incluya estos métodos puede proporcionar una mayor sensación de control frente a la inminente aparición de un ataque, facilitando su manejo. Con práctica y apoyo, es posible afrontar los ataques de pánico con éxito.
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