Expectativas de verano

Cómo sobrevivir al “mejor momento del año” sin volverte loco/a

6/22/20254 min read

El verano. Esa estación que, si le hiciéramos caso a los anuncios de cerveza y al mundo influencer, debería ser el clímax de nuestra existencia. Sol, playa, atardeceres infinitos, amigos riendo, fotos perfectas, y un mood constante de “no tengo preocupaciones”. Pero… ¿y si tu verano no se parece en nada a eso? ¿Y si te pilla cansado, sin vacaciones, pasando un mal momento emocional o simplemente sin ganas de nada?

Spoiler: no estás solo/a!!!

Vivimos con muchas expectativas puestas en el verano, como si tres meses del año tuvieran la responsabilidad de compensar todo lo que no pudimos hacer durante los otros nueve.

En este post te invito a poner los pies en la tierra (aunque sea en la arena caliente) y a explorar cómo estas expectativas pueden afectar tu salud mental, y qué puedes hacer para vivir esta temporada con más calma y autenticidad.

1. Ajustar las expectativas: la clave para no frustrarte

Muchas veces nos montamos una película mental sobre cómo debería ser nuestro verano. Queremos descansar, pero también aprovecharlo al máximo. Queremos desconectar, pero no perdernos nada. Queremos irnos de viaje, pero también ahorrar. Y claro, cuando la realidad no se ajusta a ese guion idealizado, aparece la frustración.

Ajustar las expectativas no es resignarse, sino ser realista. Tal vez este verano no puedas hacer un viaje soñado, pero sí tomarte unos días para ti. Tal vez no estés en tu mejor momento emocional, pero eso no significa que no puedas tener pequeños placeres: una comida rica, una caminata al atardecer, una charla con alguien que te quiere.

La idea es dejar de exigirle tanto al verano. No tiene que ser perfecto. Tiene que ser tuyo.

2. Cuidado con compararte: cada verano es distinto (y cada persona también)

La comparación es el ladrón de la alegría. Y en verano, con tanta gente compartiendo sus vacaciones, sus cuerpos bronceados y sus mojitos en Instagram, es muy fácil caer en la trampa del “yo debería estar pasándomelo así”.

Pero detrás de cada foto hay una historia que no se cuenta: estrés antes del viaje, discusiones de pareja, inseguridades, tristeza. Nadie sube stories llorando o aburrido, aunque todos pasemos por esos momentos.

Compararte solo alimenta la insatisfacción. Mejor pregúntate: ¿Qué necesito yo este verano? ¿Qué me haría bien a mí? La respuesta no está en lo que otros hacen, sino en lo que tú deseas y puedes permitirte.

3. Las redes sociales y el espejismo del verano eterno

Las redes no son el enemigo, pero sí pueden distorsionar la percepción de lo que es normal. En julio y agosto, el algoritmo se llena de playas paradisíacas, cuerpos normativos y vidas aparentemente sin estrés.

Consumir este tipo de contenido sin filtros puede hacerte sentir insuficiente, aburrido o “fuera de onda”. Por eso es importante consumir redes de forma consciente: seguir cuentas que muestren realidades diversas, poner límites al tiempo de pantalla y, si es necesario, tomarte un descanso digital.

Recuerda: lo que ves en redes es una parte minúscula (y muy editada) de la vida de alguien. No es justo que compares tu vida completa con su mejor momento filtrado.

4. Disfrutar lo que sí puedes hacer: lo pequeño también cuenta

A veces nos enfocamos tanto en lo que no podemos hacer que se nos olvida todo lo que sí está a nuestro alcance. No necesitas una escapada a Bali para recargar energías. Tal vez puedas redescubrir tu ciudad, hacer una maratón de pelis, leer por placer, probar una receta nueva, o simplemente dormir sin despertador.

El bienestar no siempre viene en forma de aventura. A menudo se encuentra en lo cotidiano, si le damos el espacio y la atención suficiente.

Haz una lista de pequeñas cosas que te gustaría hacer este verano y empieza por ahí. Lo importante no es que sea épico, sino que sea significativo para ti.

5. Aceptar los días malos, aburridos o sin planes

El verano también tiene días raros. Días en los que te aburres, te sientes solo/a o simplemente no tienes ganas de nada. Y eso es totalmente válido. No todos los días tienen que ser inolvidables.

Aceptar los días bajos como parte del proceso ayuda a despresurizar la experiencia. No necesitas estar bien todo el tiempo. Estar triste, desmotivado o nostálgico no significa que estás desaprovechando el verano. Significa que eres humano.

Darte permiso para sentirte así, sin culpa ni autoexigencia, es un acto de autocuidado.

6. Ajustar las vacaciones a tus necesidades, no a las de los demás

Quizás tus amigos quieren irse de fiesta todas las noches y tú solo sueñas con leer en silencio. O tal vez todo el mundo te pregunta si vas a viajar y tú no tienes ganas (ni dinero). Sea cual sea tu caso, está bien.

El verano no es una competición de planes. Es una oportunidad para reconectar contigo. Así que antes de decir que sí a todo, pregúntate: ¿esto me suma o me desgasta?

Diseñar unas vacaciones a tu medida —aunque sean breves, sencillas o muy tranquilas— puede marcar una gran diferencia en cómo te sientes durante y después.

En definitiva, un verano más real, más tuyo !!!

La presión por vivir el verano “perfecto” puede convertirse en una trampa emocional. Nos llenamos de expectativas, de comparaciones y de exigencias que no siempre encajan con nuestras circunstancias reales.

Por eso, este año te invito a hacer algo distinto: baja el volumen del “debería”, y escucha más lo que necesitas de verdad. Haz espacio para lo pequeño, acepta que habrá días planos, y recuerda que tu bienestar no depende de lo que publiques en redes, sino de cómo te tratas a ti mismo/a en el día a día.

Quizás el verano no sea de postal. Pero puede ser tuyo. Y con eso, basta.