Hablar de suicidio también es prevenir: cómo podemos ayudar

Romper el silencio, escuchar sin juzgar y saber cuándo pedir ayuda puede marcar la diferencia.

9/7/20264 min read

Hablar de suicidio no es fácil. A muchas personas les incomoda incluso pronunciar la palabra. No sabemos qué decir, tenemos miedo de equivocarnos o pensamos que hablar sobre ello puede empeorar las cosas.Y precisamente por eso es tan importante hablar.

Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que busca visibilizar este problema que puede afectar a cualquiera de nosotros, reducir el estigma y recordar algo fundamental: el suicidio puede prevenirse. Para ello, es importante poner el foco en algo fundamental, la manera en la que hablamos sobre el suicidio, así como en favorecer conversaciones más abiertas y empáticas.

Prevenir no consiste únicamente en saber qué hacer cuando existe una situación de riesgo. También implica aprender a detectar señales de sufrimiento, atrevernos a preguntar y facilitar que una persona pueda pedir ayuda antes de llegar a sentirse completamente sola o sin salida. Porque a veces una conversación puede ser el primer paso para que alguien deje de afrontar su dolor en silencio.

Hablar de suicidio no “mete ideas en la cabeza”

Uno de los mitos más extendidos es pensar que si preguntamos a alguien directamente si ha pensado en suicidarse, podemos provocar que aparezca esa idea, sin embargo, la evidencia disponible indica lo contrario. Preguntar de manera directa y respetuosa por pensamientos suicidas no provoca que una persona se suicide y puede ayudar a reducir la ansiedad y hacer que se sienta comprendida.

Por eso, si alguien cercano está atravesando un momento de mucho sufrimiento, podemos preguntar. No hace falta encontrar las palabras perfectas. Podemos empezar con algo tan sencillo como: “Te noto diferente últimamente. ¿Cómo estás realmente?”

Y si existe una preocupación concreta, podemos ser más directos: “¿Has llegado a pensar que no quieres seguir viviendo?”

Preguntar no significa asumir que la persona quiere suicidarse. Significa abrir una puerta para que pueda hablar de algo que quizá lleva tiempo intentando ocultar.

¿Qué señales deberían hacernos prestar atención?

No existe una única señal que permita saber si una persona está en riesgo. Tampoco todas las personas que presentan determinadas señales tendrán pensamientos suicidas. Pero sí hay cambios que merece la pena tomar en serio, especialmente cuando aparecen de forma significativa o junto a otras señales.

Por ejemplo:

  • Expresar desesperanza o sensación de no encontrar salida.

  • Hablar sobre la muerte o sobre no querer seguir viviendo.

  • Aislarse de familiares, amigos o actividades habituales.

  • Experimentar cambios importantes de ánimo.

  • Sentirse una carga para los demás.

  • Mostrar un sufrimiento emocional intenso.

  • Despedirse de personas importantes o hacer comentarios que suenen a despedida.

  • Presentar cambios importantes en el sueño o la alimentación.

Estas señales no sirven para hacer un diagnóstico ni para determinar por sí solas el nivel de riesgo. Su función es otra: ayudarnos a detectar que quizá algo no va bien y que conviene acercarnos en lugar de mirar hacia otro lado.

¿Y qué podemos hacer si alguien nos cuenta que está pensando en suicidarse?

Lo primero: escuchar.

Puede que nuestra reacción inicial sea intentar tranquilizar rápidamente a la persona: “Seguro que todo mejora.” “Piensa en las cosas buenas que tienes.” “No puedes hacerle esto a tu familia.”

Aunque estas frases suelen decirse desde el cariño, pueden hacer que la persona sienta que su sufrimiento no está siendo comprendido. En ese momento, probablemente sea más útil escuchar sin juzgar, validar el dolor y transmitir que no tiene que enfrentarse a ello a solas.

Podemos decir: “Gracias por contármelo.” “Me preocupa lo que estás viviendo y quiero ayudarte.” “Vamos a buscar ayuda juntos.”

Y, especialmente si existe un riesgo inmediato, no debemos asumir solos la situación. Es importante buscar ayuda profesional y activar los recursos de emergencia correspondientes.

La prevención del suicidio no consiste en que familiares o amigos tengan que convertirse en terapeutas. Su papel puede ser mucho más sencillo y, al mismo tiempo, muy importante: detectar, acompañar y conectar a la persona con ayuda especializada.

Pedir ayuda no tiene que ser el último recurso

Existe también una idea que conviene desmontar: que solo hay que pedir ayuda cuando una persona está “al límite”. No es así.

Una persona puede buscar ayuda porque lleva semanas sintiéndose desbordada, porque aparecen pensamientos relacionados con la muerte, porque siente que no puede gestionar determinada situación o simplemente porque nota que algo ha cambiado y no sabe cómo afrontarlo.

Cuanto antes podamos hablar de lo que está ocurriendo, más posibilidades tendremos de intervenir. Y aquí los profesionales de la salud mental tenemos un papel importante, pero no somos los únicos. La prevención también ocurre en las familias, las parejas, los centros educativos, los lugares de trabajo y las relaciones cotidianas.

A veces prevenir significa simplemente estar un poco más atentos a quienes tenemos cerca.

¿Estás pasando por un momento así?

Si has llegado hasta aquí y este tema tiene que ver contigo, quiero hacer una aclaración importante: no tienes que resolverlo todo hoy ni hacerlo a solas. Hablar con una persona de confianza puede ser un primer paso. También puedes acudir a un profesional de la salud mental o a los servicios sanitarios.

En España, la Línea 024 ofrece atención a personas con pensamientos, ideación o riesgo de conducta suicida, así como a familiares y allegados. Es gratuita, confidencial y está disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.

En conclusión, hablar de suicidio puede dar miedo. Podemos no saber qué decir, preocuparnos por hacerlo mal o sentir que estamos entrando en un terreno que no nos corresponde. Pero guardar silencio tampoco ayuda.

Preguntar, escuchar, acompañar y facilitar el acceso a ayuda profesional son formas de prevención.

No necesitamos tener todas las respuestas. No necesitamos solucionar el sufrimiento de otra persona. A veces, lo más importante que podemos transmitir es algo mucho más sencillo: “Te estoy escuchando. Lo que te está pasando me importa. No tienes que pasar por esto a solas.”

Este 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, quizá podamos empezar por algo tan sencillo como atrevernos a hablar. Porque cambiar la manera en la que hablamos sobre el suicidio también significa crear espacios en los que pedir ayuda sea un poco más fácil.

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